En medio de la emoción que envolvía a Catedral Basílica de Salta, una figura conmovió a todos sin decir una palabra. Con lágrimas en los ojos y las manos unidas, Doña Damiana Luzco volvió a encontrarse con el Señor y la Virgen del Milagro, como lo hace desde hace más de 20 años.
A sus 86 años, partió desde Tolar Grande y caminó más de 300 kilómetros atravesando la inmensidad de la Puna. No fue solo un viaje físico: fue una promesa viva, una historia de amor y fe que se renueva paso a paso, año tras año.
Quienes la reconocieron entre la multitud no pudieron contener la emoción. Se acercaron a abrazarla, a agradecerle, como si en su esfuerzo estuviera representada la fe de todo un pueblo. Su presencia, silenciosa pero firme, se volvió uno de los momentos más conmovedores de la entronización.
En tiempos donde todo parece urgente y efímero, Doña Damiana recuerda que la fe también se construye con sacrificio, constancia y esperanza. Su historia no necesita grandes discursos: habla con cada kilómetro recorrido y cada lágrima derramada frente a sus santos.
Mientras miles rezaban en la ciudad, ella llegaba desde el corazón de la montaña para cumplir su promesa. Y una vez más, demostró que cuando la fe guía el camino, no hay distancia imposible.