Enzo Gallardo consiguió la medalla de bronce para la Argentina en los Juegos Suramericanos, pero detrás de ese logro hay una historia de sacrificio que comenzó mucho antes de subir al ring.
Para poder integrarse al equipo nacional y entrenar al máximo nivel, el boxeador tomó una decisión difícil: renunció a su trabajo estable en una fábrica, donde tenía un ingreso seguro. “Yo, cuando arranqué en la selección, dejé el laburo de fábrica; estaba estable... Me costó un huevo, pero lo logré”, contó emocionado.
Para sostenerse económicamente y, al mismo tiempo, conservar la flexibilidad necesaria para entrenar, comenzó a trabajar como chofer de una aplicación de viajes. Su rutina llegó a combinar hasta cuatro turnos de entrenamiento diarios con horas al volante: “Metía cuatro turnos de entrenamiento al día y salía a hacer laburo de Uber”.
Después de asegurarse la medalla, Gallardo no pudo contener las lágrimas al recordar todo lo que tuvo que atravesar para llegar hasta allí. “Contento de poder llevar un bronce a la Argentina, con lo que me costó poder estar hoy acá”, expresó.
En el combate decisivo, el fallo de los jueces fue dividido y el argentino aseguró que se había visto ganador: “Yo me vi ganador, bien ganador”. Aun así, eligió quedarse con el aprendizaje y reafirmó su filosofía: “Soy perseverante, hay que seguir adelante”.
Una medalla que no solo representa un resultado deportivo: también resume horas de entrenamiento, sacrificios, incertidumbre y la decisión de apostar todo por un sueño.