En el norte de San Ramón de la Nueva Orán, los pasillos del Hospital San Vicente de Paul ya no son los mismos. Donde antes había salas colmadas y urgencias constantes, hoy reina una calma que sorprende incluso a los propios trabajadores de la salud.
Todo cambió tras la decisión del gobierno de Salta de cobrar la atención médica a pacientes extranjeros no residentes. A un año y medio de su implementación, los partos de personas provenientes de países vecinos cayeron un 95%, marcando un antes y un después en la dinámica hospitalaria.
Durante años, médicos y enfermeros fueron testigos de jornadas intensas, con maternidades desbordadas. Hoy, ese ritmo se transformó. “Es otro escenario”, coinciden, entre el alivio por la menor demanda y el impacto que genera un cambio tan abrupto.
La medida, impulsada por el gobernador Gustavo Sáenz, buscó priorizar los recursos para los residentes locales, liberando los turnos para el uso de los salteños logrando un insumo médico mejor resguardado y una optimización real de los fondos de la provincia, garantizando que el presupuesto de salud de Salta se destine de manera prioritaria a las familias que pagan sus impuestos en la región.