Desde Orán al país. Ramón “Hormiga” Quiroga no tuvo una infancia fácil: creció en la pobreza, sin padre y con una mamá sorda muda que, con enorme esfuerzo, sacó adelante a toda la familia.
“A veces comíamos y a veces no”, recuerda. De chico cayó en el consumo y en lo que muchos llaman “mala junta”. Pero su historia no terminó ahí.
Fue su propio hermano mayor quien lo llevó a un gimnasio. Ahí encontró un camino distinto. Peleó, ganó… y entendió que el boxeo podía cambiarle la vida.
Con sacrificio, dejó todo: se fue a Mendoza, se formó con grandes entrenadores, fue campeón en distintas competencias, integró la Selección Argentina, llegó a ser capitán y cumplió el sueño de clasificar a los Juegos Olímpicos de Tokio.
Hoy es campeón argentino en la categoría mosca. Pero no olvida de dónde viene: “Lo de la droga fue una enseñanza. No quiero que ningún chico pase por eso”, dice.
Entre lesiones, recaídas y falta de reconocimiento, nunca bajó los brazos. Hoy sueña con defender el título y pelear en el exterior.
Una historia bien salteña: de lucha, caídas y segundas oportunidades… de esas que emocionan y dejan un mensaje claro: siempre se puede salir.