A finales de 2003 y durante 2004, en Villa “El Sol” y el barrio “20 de Junio” en Salta, un policía llamado Jorge vivió una historia que aún lo persigue. Todo comenzó con la refacción de la “Cerámica del Norte”, donde obreros liberaron algo más que escombros: una presencia oscura que marcaría el inicio de una ola de terror, suicidios y fenómenos inexplicables que nadie pudo detener.
Testigos aseguraron que, tras derribar un horno antiguo, emergió un enjambre de moscas y un hombre cubierto de símbolos extraños que pronunció una frase escalofriante: “Vengo por unas almas” . Desde ese momento, los vecinos comenzaron a denunciar ruidos de cadenas, apariciones y un niño con ojos negros que invitaba a entrar a casas vacías.
La situación se volvió crítica: en pocos meses se registraron 18 suicidios, muchos en el mismo árbol. Mientras las autoridades intentaban explicar los hechos como problemas sociales o consumo, los relatos coincidían en una figura siniestra que parecía alimentarse del miedo. “No era humano”, declaró Jorge, quien incluso lo enfrentó sin éxito.
Años después, en 2013, el horror regresó de forma inesperada: el propio hijo de Jorge comenzó a mostrar signos de posesión, hablando con una voz desconocida y recordándole aquella promesa: “Nos volveremos a ver”. Tras meses de desesperación, solo un proceso religioso logró liberarlo, dejando una marca imborrable en la familia.
Hoy, aunque todo parece en calma, los reportes extraños en la zona continúan. Jorge asegura que aquello nunca se fue. La advertencia es clara: hay fuerzas que no se pueden explicar… ni controlar. ¿Estamos preparados para enfrentarlas?