Con pintadas en plena avenida Paraguay, el nombre de Bettina Romero irrumpió nuevamente en el espacio público de la ciudad de Salta, ante los ojos de vecinos y transeúntes. Las paredes pintadas no mencionan cargos ni fechas, pero sugieren una proyección política hacia el año 2027, reavivando el debate sobre el posible retorno de una figura que marcó la agenda local en los últimos años.
La escena tiene un fuerte contraste con el reciente momento electoral vivido en la capital: Bettina Romero —exintendenta de la ciudad— perdió la reelección ante Emiliano Durand y, junto con su hermano Juan Esteban, actualmente ningún miembro de la familia ocupa un cargo electivo. Además, su padre, Juan Carlos Romero, cerró recientemente su ciclo de 18 años como senador nacional sin renovar su banca, lo que marcó un punto de inflexión para el espacio político que históricamente dominó parte de la política provincial.
Las pintadas con su nombre fueron descubiertas en la zona sur de la ciudad, muy visibles para quienes transitan hacia el centro. Aunque no hay anuncios oficiales, muchos analistas políticos interpretan estas señales como intentos de volver a instalar el apellido Romero en la discusión pública, en un contexto donde ese espacio ha sufrido varios reveses consecutivos.
En los pasillos políticos también circula la posibilidad de que Bettina Romero —quien mantiene presencia pública en redes y medios— pueda articular futuras alianzas, incluso con sectores como La Libertad Avanza, aunque hasta ahora no hay confirmaciones formales sobre su estrategia para 2027.
Esta aparición en la vía pública reabre preguntas sobre el mapa político local: ¿será un primer paso hacia una nueva candidatura o simplemente una señal aislada? Mientras tanto, las pintadas ya encendieron la conversación en barrios, cafés y oficinas políticas de Salta, anticipando un año clave para las tensiones internas de los principales espacios electorales.