Una denuncia estremecedora sacude a Salta. Greenpeace alertó sobre un desastre ambiental de proporciones catastróficas en Pozo Guardián, Lomas de Olmedo, a 250 kilómetros de la capital salteña. Allí, un pozo petrolero abandonado libera gases y fluidos tóxicos que contaminan el aire, el suelo y el agua, dejando un paisaje desolador: animales muertos, familias desplazadas y un bosque nativo en agonía.
La organización ambientalista calificó el hecho como un “Chernobyl salteño” por el nivel de contaminación y la falta de respuesta estatal. En apenas seis meses, la zona —declarada Ecosistema Prioritario para la Conservación— perdió su equilibrio natural. Las sustancias peligrosas se expanden sin control, afectando a especies únicas como el oso hormiguero, el ocelote, el pecarí labiado y decenas de aves que habitan entre el Chaco Seco y las Yungas.
Hernán Giardini, desde la Cumbre del Clima en Belém, advirtió: “Mientras en Brasil se busca frenar el petróleo y la deforestación, en Argentina dejamos que un pozo abandonado envenene nuestros bosques. Los gobiernos deben actuar urgente”. Greenpeace confirmó que la nube tóxica cubre unas 20 hectáreas y eleva el riesgo de incendios forestales, obligando a los habitantes a evacuar sus casas.
El escenario es devastador: el aire se volvió irrespirable, los ríos presentan manchas aceitosas y los animales caen envenenados. “La empresa responsable desapareció y las autoridades no dan respuestas”, denunció Matías Arrigazzi, especialista en biodiversidad. “El reclamo es urgente: el bosque está muriendo y sus pobladores fueron desplazados. Basta de petróleo en los bosques”.
Greenpeace convoca a la ciudadanía a exigir la remediación del área y la intervención inmediata del Estado. Cada hora cuenta para evitar que el desastre se expanda y se convierta en una tragedia ambiental irreversible.