A horas de la semifinal del Mundial 2026 entre la Selección Argentina e Inglaterra, estalló una fuerte controversia: el Gobierno avaló la prohibición de ingresar al estadio con banderas o mensajes sobre las Islas Malvinas, en línea con las normas de FIFA.
La medida fue respaldada por la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, quien advirtió que no se permitirá ningún tipo de mensaje político o provocación dentro del estadio, en un intento por evitar sanciones internacionales.
Pero la reacción no tardó en llegar. La vicepresidenta Victoria Villarruel tomó distancia y lanzó un mensaje contundente en redes: llamó a los ingleses “piratas usurpadores” e “invasores”, y encendió el clima previo a un partido cargado de historia.
“No es un partido más. Es Malvinas, es el Diego, es la última de Leo”, escribió, en referencia a Diego Maradona y Lionel Messi, sumando un tono emocional que contrasta con la postura oficial más moderada.
La situación abre interrogantes: ¿se trata de una estrategia diplomática para evitar conflictos o de una interna política expuesta en plena escena mundial? Mientras tanto, el partido se juega también fuera de la cancha.