Con un dolor profundo que sacude al deporte argentino, el mundo llora la impactante partida de Jorge “Roña” Castro, quien falleció este miércoles a los 59 años, dejando atrás una huella imborrable que trascendió la gloria del ring para convertirse en un faro de esperanza y solidaridad inquebrantable en el conurbano bonaerense.
Nacido en Caleta Olivia y marcado por las penurias y el hambre de su propia infancia, el excampeón mundial de los medianos transformó su doloroso pasado en un motor solidario, impulsando durante la pandemia una humilde olla popular en su gimnasio que rápidamente escaló hasta consolidar una masiva red de comedores y merenderos en zonas vulnerables como Villa Fiorito, Temperley y Almirante Brown.
La desesperante crisis económica dejó al descubierto un desgarrador cambio de perfil en los asistidos: mientras que antes el comedor recibía principalmente a niños, en su último año de vida el excampeón alertaba con angustia sobre la llegada masiva de adultos mayores de hasta 70 años que lloraban porque sus jubilaciones no les alcanzaban para comer, triplicando la entrega semanal de hasta 100 bolsones con alimentos básicos.
Lejos de quedarse de brazos cruzados ante la falta de respuestas estatales y el incremento de familias enteras pidiendo un plato caliente, el inolvidable pugilista dedicó cada segundo de sus últimos años a gestionar donaciones, coordinar voluntarios y levantar nuevos espacios de asistencia, afirmando con firmeza: "A mí no me lo puede contar ningún político, yo hago lo que deberían hacer ellos".