14ºC - Muy nublado
Martes, 14 de Julio de 2020 |

Las últimas horas, de María Estela Martínez de Perón en el poder.

Deportes24/03/2020 14:41 hs.



Hoy, en el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, me veo obligado a refrescar cómo y por qué, hace 44 años, se llegó al golpe del 24 de mar­zo de 1976. El relato postrero intentará explicar que un grupo de energúmenos asalto el poder en la Argentina sin ningún argumento solidario y que las buenas intenciones no existían. Los que así piensan olvidan la violencia y el caos generalizado de los años que lo precedieron, y que hicieron que la sociedad en su mayoría, y su dirigencia en especial, reclamara a las Fuerzas Armadas que pu­sieran término a la “agonía”. De esa “agonía” de la que le habló, como veremos detalladamente, poco antes del golpe, Ricardo Balbín a Jorge Rafael Videla en un encuentro reservado. No basta con el relato. Recordar es más que eso, es sacar a la luz testimonios de los principales protagonistas, recorrer los diarios y documentos de la época, para situarnos en el tiempo vivencial y explicar qué sucedió.
El 24 de marzo, frente a una silente sociedad, se derrocó a la viuda de Juan Domingo Perón y nació el Proceso de Reorganización Nacional, que con el paso de los años se convirtió en un eslabón más de nuestra decadencia. Una parte de la historia hablará de aquellos que tomaron el poder para intentar revertir una situación y la degradaron aún más, en medio de sones marciales, solemnes arengas y formalida­des vacías. Un Tiempo Fundacional que luego de siete años termino de la manera más trágica, con una guerra con poderosas potencias extranjeras.
Para intentar explicar el 24 de marzo bien se pueden tomar las palabras de un alto dirigente chileno, en la antesala del derrocamiento de Salvador Allende. “Sería injusto negar que la responsabilidad de algunos es mayor que la de otros, pero, unos más y otros menos, entre todos estamos empujando a la democracia chilena al matadero. Como en las tragedias del teatro griego, todos saben lo que va a ocurrir, todos dicen no querer que ocurra, pero cada cual hace precisamente lo necesario para que suceda la desgracia que pretende evitar”.
Por una simple cuestión de espacio se toman algunos hitos que condujeron a otro fracaso institucional argentino.
El 13 de enero de 1976, el informe semanal de circulación restringida Última Clave adelantaba que: “Al paso que van las cosas anticipamos a nuestros lectores que la inflación para 1976 no estará por debajo del 500 por ciento anual”. La sensación generalizada era que el país marchaba a la deriva. Por ejemplo, en el curso de 1975, hubo 4 ministros del Interior, 4 ministros de Economía, 5 ministros de Bienestar Social, 3 ministros de Trabajo, 3 ministros de Relaciones Exteriores, 3 ministros de Defensa, 3 comandantes generales del Ejército, 3 interventores en Mendoza, 4 “hombres de confianza” de la Presidente y 5 secretarios de Prensa y Difusión.
Fue en enero de 1976 cuando Jorge Rafael Videla le pidió al general (RE) Ibérico Saint Jean que recorriera la provincia de Buenos Aires. Que la relevara y estudiara su situación. Eso debía hacerlo por si sucedía algo: “puede pasar o no”. No dio certeza. Estaba claro que le estaba diciendo que podía ser el futuro interventor/gobernador en el mayor Estado provincial. Saint Jean no lo hizo solo. Lo acompañó el capitán César “Chito” Mouján, un ex marino que había sido intendente de Chascomús durante el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía. Saint Jean había pasado a retiro por no aceptar “los 5 puntos” (1973) que Alejandro Agustín Lanusse le impuso al generalato. Eso le generó dentro y fuera del Ejército una gran respetabilidad. Cuando el general Miguel Ángel Iñiguez tuvo que dejar la jefatura de la Policía Federal, según la 5ª Edición de Crónica del 11 de abril de 1974, los generales Ibérico Saint Jean y Raúl Tanco eran los candidatos a reemplazarlo. Sin embargo, el comisario Alberto “Tubo” Villar fue finalmente el elegido por Perón. Pocos conocen que el presidente Perón pensó en Saint Jean para sucederlo y él no aceptó (había sido jefe de Inteligencia del Ejército y era abogado). Luego le ofreció integrar el directorio de una empresa del Estado y su respuesta fue la misma.
Durante su recorrido por Buenos Aires se llegó hasta su pueblo natal Chascomús, acompañado por su hermano Alfredo, en ese momento coronel (luego Ministro del Interior del general Galtieri). Se iba a realizar un acto para homenajear a algunas figuras destacadas de la ciudad, entre otros a Ibérico Saint Jean. En el acto también estaba Raúl Alfonsín, quien al término del mismo pidió conversar con los dos hermanos. La conversación transcurría sobre temas de actualidad, recordó el militar retirado, hasta que el dirigente radical hizo la pregunta que flotaba en todos los mentideros políticos: “¿Qué están esperando para sacar (derrocar) a Isabel?” Ibérico Saint Jean no respondió. Similar interrogante que formularía Ricardo Balbín al general Videla semanas más tarde.
El encuentro de Videla y Viola con Ricardo Balbín. “Terminen con esta agonía”.
La entrevista de Jorge Rafael Videla con Ricardo Balbín se realizó en la casa de Alberto Jesús “Piqui” Gabrielli, en la calle Ombú 3054 de Barrio Parque. Gabrieli me relató que “era una casa de ladrillo a la vista. Dos ventanas al frente. Tanto uno como el otro querían un lugar neutral para reunirse. Balbín, aceptó que mi casa lo era, porque yo era un periodista y pertenecía Consejo Editorial Argentino. Mi cuñado, el general Carlos Dalla Tea, me dijo que por favor no hubiese nadie. Primero llegó Balbín, acompañado por otro señor mayor que no recuerdo quién era (seguramente era Enrique Vanoli, secretario político de la UCR) y pasó a la biblioteca que tenía enfrente en la casa. El general Carlos Dalla Tea arribó primero y me dice que estaban llegando, que abra las puertas del jardín. Tenía un handy o algo así. Abrí y entró manejando Viola, creo, y Videla en el mismo auto. Un auto particular cualquiera. Bajaron los dos y entraron a la biblioteca para hablar con Balbín. Allí, lo que uno rescata, es que Balbín dijo: “Si ya lo tienen decidido, que sea cuanto antes”.
En febrero de 2006, el día que lo conocí, Videla me contó su encuentro con el líder radical: Luego de las presentaciones de rigor, el dueño de casa amagó retirarse. “De ninguna manera”, dijeron casi al unísono los dos. Videla me confió lo sustancial del encuentro.
-Balbín: General, yo estoy más allá del bien y del mal. Me siento muy mal, estoy afligido. Esta situación no da más. ¿Van a hacer el golpe? ¿Sí o no? ¿Cuándo?
-Videla: Doctor, si usted quiere que le dé una fecha, un plan de gobierno, siento decepcionarlo porque no sé. No está definido. Ahora, si esto se derrumba pondremos la mano para que la pera no se estrelle contra el piso.
Balbín: Si van a hacer lo que pienso que van a hacer, háganlo cuanto antes. Terminen con esta agonía. Ahora, general, no espere que salga a aplaudirlos. Por mi educación, mi militancia, no puedo aceptar un golpe de Estado.
En el archivo del Departamento 52 de la Inteligencia checoslovaca encontré una nota que acompaña un informe que dice “adjunto argentina” (Microfilm Nro. 12437-011 5 6 0021-1), cuyo texto dice lo siguiente: “Enviamos en forma de adjunto el informe ‘La preparación del golpe militar en la Argentina’, obtenido de los amigos soviéticos.” Es importante porque el KGB tenía con más de un mes de antelación la decisión militar de derrocar a Isabel y, establece, además una fecha del encuentro Videla-Balbín. La gran pregunta es: ¿Quién le informó a los soviéticos? Dentro de los 65 mil microfilms figuran algunas “fuentes” argentinas que informaban. En esta ocasión no se citó al confidente.


“De alta confidencialidad
Adjunto del N° de ref.: A-00132717-76
La preparación del golpe militar en la Argentina
La conducción de las Fuerzas Armadas argentinas llegó a la conclusión de que se agotaron los medios legales para resolver la crisis interna por intermedio de la vía constitucional. El Jefe del Estado Mayor del Ejército Argentino, el general Videla, informó el 4 de febrero del año en curso al líder del Partido Radical opositor, Ricardo Balbín, respecto a que las Fuerzas Armadas decidieron tomar el poder del Estado. Se supone que el Congreso será disuelto, la actividad de los sindicatos – la Confederación General de Trabajo – se interrumpirá temporalmente”.


El martes 10 de febrero, el ministro Emilio Mondelli concurrió a un almuerzo organizado por la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados y blanqueó la situación que se vivía. Dijo públicamente: “Estoy tremendamente preocupado por el destino de la República...Ustedes saben positivamente que nosotros tenemos una ley de inversiones extranjeras que nos ha resguardado sin lugar a dudas de todo imperialismo y de toda invasión extraña....ahora sí, inversión no hay ninguna. Háganle un poco de fe a este hombre sencillo, que dice las cosas como son, porque las ha estado viviendo hasta ayer y las tiene que vivir más dramáticamente desde hoy. No nos creen más.” A continuación, instó a los legisladores a aprobar las leyes impositivas y el presupuesto.
Almuerzo en la calle Parera
El lunes 15 de marzo, el ex canciller Carlos Manuel Muñiz organizó en su departamento un almuerzo singular, con importantes invitados. El embajador Robert Hill, José Alfredo Martínez de Hoz, Oscar Camilión y los generales retirados Alcides “El Pibe” López Aufranc y Mariano Jaime de Nevares. Todos los presentes poseían un alto nivel de información. A través de sus contactos y amistades sabían de lo que se hablaba en los altos niveles de las Fuerzas Armadas, pero la verdad es que incidían muy poco (salvo Martínez de Hoz en sus temas técnicos). Como decía Muñiz en esos días “hay que escuchar y no hablar”. En el caso de Muñiz, como la gran mayoría, entendía que el gobierno de Isabel Perón conducía a la catástrofe, pero no esperaba demasiado del gobierno militar que se avecinaba.


Conocía de lo que se trataba. “Estos muchachos, no sé qué van a hacer”, decía a manera de confidencia. Por lo pronto, tenía un serio rechazo por el almirante Emilio Massera. La conversación fue un fiel reflejo de lo que se hablaba en esos días en Buenos Aires. Se habló del “golpe inminente” y de las distintas posiciones dentro de las Fuerzas Armadas. Ese era el tema: la falta de “coherencia (cohesión) interna” que se había observado en la última reunión de altos mandos del Ejército en Campo de Mayo. Mientras Hill escuchaba, sin opinar, otro de los presentes relató lo que había escuchado de boca de un almirante respecto de la última reunión del almirantazgo de la semana anterior: en esa época el almirante Emilio Eduardo Massera era considerado un liberal “duro” –o la jugaba de “duro”—y en esa cumbre de almirantes se había hablado de “instaurar el paredón” y fusilar a Héctor J. Cámpora y al teniente general (RE) Alejandro Agustín Lanusse. Todo lo que relato consta en mis apuntes y me lo contó el dueño de casa luego de la reunión. Muñiz se quedó espantado con la información. No era hombre de recetas contundentes y, además, tenía un sano y reiterado respeto por Lanusse.
Las gestiones del diputado Luís Sobrino Aranda
Mi diálogo con el diputado peronista fue grabado: “En un momento me encuentro con mi amiga la diputada Esther Fadul de Sobrino con quien tenía mucha confianza y le digo: Esthercita, vos me tenés que hacer una pata y le hacés una pata al peronismo, vos sabés que yo a Olivos no puedo entrar, me está prohibido, desde que murió el General, estoy prohibido en Olivos, meteme como quieras, como un invitado tuyo y le cuento, está el golpe Esther. Ella a mí me creía, está el golpe Esther, yo tengo que conseguir que renuncie Isabel".

El final: El encuentro con los comandantes generales. Las últimas horas de Isabel Perón en la Casa Rosada
A las 11 de la mañana del martes 23 el Ministro de Defensa se reunió con los jefes militares y les dijo: “Todos los diarios de la mañana coinciden en señalar que hoy es el día de las grandes decisiones, así también lo entiende el gobierno en cuyo nombre les pido una definición sobre la inminencia del golpe militar.” Luego, pasó a leerles un documento con sugerencias de las Fuerzas Armadas que el gobierno había recibido el 5 de enero pasado. Los tres comandantes respondieron que el documento contenía sugerencias y no una exigencia de las FF.AA. “Una minuta” contiene, además de las palabras del ministro, la respuesta que formuló, en nombre de los tres, el almirante Emilio Eduardo Massera: “Señor Ministro. Si usted nos dice que la señora presidente está afligida y acorralada por el gremialismo. Si, además, nos sondea para ver cómo podemos ayudarla. Nuestra respuesta es clara: El poder lo tienen ustedes. Si lo tienen úsenlo, si no que la señora presidente renuncie.” La reunión se levantó y los comandantes se reunieron para deliberar en sus propios comandos.
En su libro “Marzo 23, Hora 24” el Ministro de Defensa, Alberto Deheza, relata que cerca de las 19 horas Videla, Massera y Agosti se presentaron nuevamente en el despacho del titular de Defensa. Según Deheza, Videla dijo: “Doctor, el país se encuentra en una grave crisis que lo tiene paralizado, como usted lo ha reconocido, y nos pide que las Fuerzas Armadas disipen toda posibilidad de golpe para que se encuentre una salida que el país exige con urgencia, pero debemos admitir para llegar a una solución, que la crisis es el resultado de un proceso en el que juegan múltiples factores que afectan a todas las instituciones”.
Años más tarde, Jorge Rafael Videla me relató: “Cuando salimos (de la cita con Deheza), los comandantes nos cruzamos al Edificio Libertador (sede del Comando General del Ejército). Nos preguntamos ¿qué hacemos, mañana va a pasar lo mismo? De esta gente ya no se puede esperar nada. Los planes de la “Operación Aries” estaban terminados, lo mismo que las directivas “Bolsa” y “Perdiz”. Cuando llegamos al despacho (de Videla) nos comunicamos con el “Colorado” Fernández y le preguntamos ¿cómo está todo por allí? ‘Bien’, fue la respuesta del jefe de la Casa Militar de la Presidencia. Muy bien, dígale a la señora presidente que por razones de seguridad viaje a Olivos en helicóptero”. Era el mensaje que Fernández debía recibir para comenzar la operación de detención de Isabel Perón.
Las horas y minutos finales de Isabel Perón en el poder. Operativo Bolsa
El Operativo o Directiva Bolsa ordenaba la detención de un número determinado de funcionarios, ex funcionarios, legisladores, dirigentes y sindicalistas emparentados con el peronismo, en las primeras horas del golpe militar. También había listas de integrantes de las comisiones internas de algunas fábricas. Cada fuerza tenía sus propios blancos. Un grupo de la Armada, constituido por oficiales y suboficiales, por ejemplo, detuvo al ingeniero Guido Di Tella, ex miembro del equipo económico de Antonio Cafiero. Al momento de detenerlo Di Tella les dijo: “Muchachos, no se vayan a equivocar porque los va a juzgar la historia”. El muy joven oficial que intervino en el hecho no entendió las palabras que pronunció el detenido. Se le allanaron la casa y su oficina, llevándose en bolsas numerosos papeles. Por un pedido de la Embajada de los EE.UU., a las pocas horas se lo dejó en libertad. Luego, algunos miembros del grupo volvieron para devolverle los papeles cuando Di Tella presidía una cena con amigos: era para despedirse porque se iba del país.
Al sindicalista Armando Cavalieri lo detuvieron y le destruyeron su quinta en Maschwitz con el argumento de que era el tesorero de Casildo Herreras. Al mismo tiempo, en otros lugares de Buenos Aires y del Interior, se procedía a la detención de varios dirigentes políticos y sindicales del peronismo.
Durante un diálogo grabado, el brigadier general Basilio Lami Dozo me dijo:
-¿Hubo listas para detener gente?
Brigadier Basilio Lami Dozo: Sí. Las hicieron los servicios de Inteligencia de cada Fuerza. Las presentaron y las congeniaron entre ellos, los jefes de los servicios. Las presentaron ya depuradas a los comandantes en jefe.
-El Operativo Bolsa era la detención de la gente que integraba las listas, ¿no?
-Exactamente. Pero por ahí aparecía uno nuevo en las listas y nadie sabía quién lo había puesto…adentro estaba.
-La Fuerza Aérea se decidió de participar en el golpe a último momento. Antes no.
¿Quién la convenció?
-La convencieron tres: Fajardo, Mariani y yo. Dijimos miren, señores, si no intervenimos después nos van a decir que la Fuerza Aérea no quiso intervenir, que se cagó en las patas y no es verdad. Nosotros queríamos sacarla a Isabel porque era un desastre… y que se fuera a Europa.
-¿La idea era sacarla y que se elija presidente o poner a otro?
-El que nos falló fue Federico Robledo, porque no estuvo de acuerdo con el candidato, que era Ítalo Luder.
-Y Luder no quería ser presidente porque lo iban a acusar de traidor a la viuda de Perón.
-Exactamente. Era un tipo muy recto.
-Sí, pero dejó a la intemperie a toda la sociedad. Por no sacar a Isabel y asumir la responsabilidad, hubo un golpe de Estado en Argentina. Cuando Balbín le dice a Videla que termine con esta decadencia, le está pidiendo que termine con eso.
-Yo me reuní a solas con Balbín. A solas.

El testimonio de Norma López Rega
“El 4 de febrero fue la última vez que vi a Isabel porque era su cumpleaños y le lleve una Biblia ilustrada, encuadernada en cuero, con una cita marcadora en una página en la que se hablaba del Profeta Daniel que le mandaba mi papá. El 17 de febrero fue mi cumpleaños, hicimos una reunión con amigos y a los pocos días nos vamos a descansar a Carrasco, Uruguay. En esos días todo el mundo hablaba del golpe. Por ejemplo Tato Bores nos dijo por qué no nos íbamos a Europa porque tras el golpe nos podían detener. Raúl contesto ‘yo me quedo, vuelvo a la Argentina, por qué me voy ir’ y Norma le agregó: ‘un López Rega se queda a acompañar a Isabel’. Pobre Raúl, aceptó mi consejo.” Frente a la posibilidad de un golpe castrense, Raúl Lastiri le comentó a su esposa Norma López Rega: “Yo ya fui preso en 1955 (Revolución Libertadora) y no sé si voy a poder superar otra detención (tenía claustrofobia)”.
“El 23 de marzo fui a la Casa Rosada a darle un mensaje que mi papá le había pasado telefónicamente. El mensaje decía que el golpe era inminente: anda, habla con Isabel y decíle que se viene el golpe y que hable con Mengano, Zutano, era todo en clave. Me paso varias horas sin poder ver a Isabel, me voy enterando que llega Lorenzo Miguel, etc., etc. Entonces le escribo una nota y le decodifico el mensaje: donde dice Giovanni quiere decir Guillermo De la Plaza, etc. Y se la doy al comandante de Gendarmería Manuel Scotto Rosende. Al poco rato, Scotto me trae la carta y la pasa adelante mío por la máquina de triturar papel y me die: ‘Váyase del país porque la van a tomar como rehén’.
-¿Rehén de qué?
-“Por tu papá, váyase Norma, váyase.”
Me voy de la Casa Rosada hacia casa y le digo a la custodia que pasemos frente a los cuarteles del Ejército en Palermo. Entonces veo pasar los camiones con soldados y me voy a casa. Cuando llego la casa estaba vacía y el portero me dice que es posible que Raúl se haya ido a lo de Miguel Romano. En la peluquería me dicen que Lastiri estaba en el domicilio particular de Miguelito (en avenida Santa Fe). Ahí hablamos con la custodia y especialmente la de Raúl se ofrece a llevarlo a cualquier lugar donde no nos puedan encontrar y él se negó.
A la madrugada rodean el edificio soldados de fajina y al final nos llevan detenidos. Al perro Nahuel se lo dejo a la mamá de Miguel Romano y nos llevan a un barco en el Apostadero Naval. Ahí nos separan, nos revisan, y al día siguiente en el comedor me encuentro con caras conocidas. Recuerdo con afecto a Taiana, Triacca, Deheza, Brunello y Unamuno. Yo estuve presa tres años porque era vocal de la Cruzada de Solidaridad Justicialista y Raúl murió de cáncer, en arresto domiciliario, el 11 de diciembre de 1978.”
A media tarde del 23 de marzo, bien maquillada y sonriente, Isabel recibió las cartas credenciales del embajador de Suecia. Luego asistió a un ágape para festejar el cumpleaños de Beatriz Galán, jefa de Asuntos Legales de la Presidencia de la Nación. Con los invitados celebró en forma ruidosa, se brindó, y cantó el “feliz cumpleaños”. Más tarde (21.30 horas), la presidente fue al comedor de la Casa de Rosada, al que parsimoniosamente fueron acercándose Lorenzo Miguel, Osvaldo Papaleo, Miguel Unamuno, Néstor Carrasco y Amadeo Nolasco Genta. Ella comió pollo con papas al horno y espuma de chocolate de postre.
El helicóptero tardó en llegar desde Olivos. Cuando lo hizo, Isabel Perón se dispuso a viajar. La despidieron en la azotea de la Casa de Gobierno algunos miembros de su custodia y dos o tres oficiales de granaderos. El capitán Jorge Tereso estaba entre ellos.
En la madrugada del 24 de marzo, tres altos oficiales, en representación de las FF.AA, detuvieron a Isabel Perón en el Aeroparque. Ellos fueron el general José Rogelio Villarreal, el contralmirante Pedro Santamaría y el brigadier Basilio Lami Dozo.
Yofre: ¿Qué le dijo a Villareal?
Basilio Lami Dozo: Chongo (sus íntimos lo llamaban así), mirá, vos que siempre dijiste que naciste con la patria, ahora habla con ella y decile que dejó de ser gobierno. Y así le dijo él. Entonces yo le pregunto: Señora, ¿qué necesita usted para irse al sur? Los aviones están en el hangar frente al estacionamiento. Ella me dice que la deje hablar por teléfono con Rosarito (la empleada que la acompañaba desde España). Cuando llegó con dos valijas con ropa para la señora, a la 1.50 un avión de la Fuerza Aérea partió con la ex presidente, en calidad de detenida, a Neuquén.
Y. -¿Qué cargo tenía en esa época?
LD -Secretario general. Recién había entrado Orlando Ramón Agosti. Llegué a ser el secretario general más antiguo de la época, durante cinco años. ¿Cómo se hizo la captura de Isabel Martínez de Perón? Había tres opciones: asaltando la presidencia en la Casa Rosada, asaltarla en la residencia de Olivos o simulando una falla en el helicóptero y tener todo preparado en Aeroparque.
Y. -Asaltar la Casa de Gobierno, era entonces, combatir con los granaderos.
LD. -El que se portó muy bien en ese momento fue el coronel Roberto Wehner, jefe del Regimiento de Granaderos a Caballo. Delante de los tres comandantes en jefe y de nosotros dijo: Señores, mi responsabilidad es defender a la presidenta de la Nación. La voy a cumplir como lo debe cumplir un militar. O sea que él iba a luchar a muerte para defenderla a Isabel en la residencia y en la Casa Rosada. Él quería defenderla porque era su función.
Y. -¿Y quién tomó la decisión de que fuera en Aeroparque?
LD. -Los tres comandantes. No sé quién, aunque intuyo, por el tema del helicóptero, que debe haber intervenido mucho (Orlando) Agosti. Porque la orden vino de ellos. Agosti me dijo: Lami Dozo, lo he designado a usted para ir a ver a la presidenta cuando aterrice en Aeroparque. Le pregunté por qué y me dijo: Porque la Armada no confía en el Ejército y el Ejército no confía en la Armada. Entonces salió usted. Y ahí fui.
Testimonio grabado con el contralmirante Pedro Antonio Santamaría.
-Yofre: Dos preguntas. Primera: ¿cuándo se entera usted que va a haber un golpe militar?
-Pedro Antonio Santamaría: Yo, asciendo a contralmirante el 31 de diciembre de 1975. Terminaba de ser comandante de la Segunda División de Instructores y me sale el pase a director de la Escuela de Guerra. Yo asumí en la Escuela los primeros días de febrero del 76, y al mes, mes y pico, me llama el almirante Massera a su despacho para comunicarme que iba a haber un golpe de Estado que se iniciaba con la detención de la presidenta. Yo iba a ser el delegado de Marina en ese trabajo. Entonces me comunica quiénes iban a ser los delegados del Ejército y la Fuerza Aérea, que eran (José Rogelio) Villarreal y el brigadier (Basilio) Lami Dozo. Villarreal decidió que las reuniones las hiciéramos en su despacho; él era J-I Personal del EMGE. Ahí empezamos a planificar. La orden que nos había dado la Junta de Comandantes era que la detención debía hacerse sin derramamiento de sangre y cuidando la vida de la presidenta. Ahí se inicia una ronda de reuniones para ver cómo se podía hacer y era bastante difícil. Entonces se decide hablar con el jefe del Regimiento de Granaderos a Caballo, la custodia de la presidenta, el coronel Roberto Wehner. Lo entrevista el general Villarreal y nos dice que se había negado a colaborar porque que él no podía traicionar presidente siendo su jefe de custodia.
- Eso es si la detenían a ella en la Casa de Gobierno. Eso no lo iba a hacer.
-Exacto. Y es más, que si fuese en Olivos o durante el traslado, él la iba a defender con las armas. Y él no habló más nada, ni tampoco nos denunció ni nada por el estilo. Entonces se empezó a pensar y tuvo una buena idea el almirante Massera de hablar con los pilotos del helicóptero que la trasladarían. Nos pusimos en esa campaña y efectivamente los pilotos no tenían el juramento de los custodios. Entonces se les planteó a dos de ellos si cumplirían una orden nuestra cuando la trasladaban y dijeron que sí. El problema era entonces hacerla volar. El día que se decide detenerla, el que tenía que hacer ese trabajo era el capitán de navío, Fernández, que era el jefe de la Casa Militar. Era infante de Marina. Fernández nos iba a avisar cuando ella volara. Nos empieza a comunicar que estaba reunida con varios funcionarios y su custodia, y él la quiere convencer de que vuele con el helicóptero por razones de seguridad. El jefe de la custodia, el comisario Rafael Luisi, dijo que prefería ir por tierra. Entonces Fernández le inventó varias bombas y cosas cosas por el estilo durante el trayecto y ella finalmente decide volar. Nos llama por radio y nos dice la paloma vuela”. Esa era la consigna. En el momento en que sale nos avisa y al pasar por Aeroparque el helicóptero tenía orden de bajar. Cuando bajan, el que la recibe y que se portó diez puntos fue el comodoro Proscetto, el jefe de la base militar en Aeroparque. Él ya estaba al tanto, por supuesto. Y nosotros tres, Villarreal, Lami Dozo y yo, nos quedamos en el despacho de Proscetto.
Proscetto va al helicóptero y les dice que bajen, pero el comisario Luisi se niega. Entonces uno de los pilotos dice que había peligro de incendio y ahí deciden bajar. Salen Proscetto con la presidenta adelante, y atrás venían el teniente de fragata Antonio Diamante, el comisario Luisi, otro comisario y Julio González, y había seis conscriptos que eran oficiales; dos de Ejército y uno de Marina. Iban al costado, armados. Cuando llegan a la puerta del despacho de Proscetto, uno de ellos lo empuja a Luisi afuera y se lo lleva. Y al secretario general, que era González, también lo empujan y se lo llevan. Al último, que era el otro comisario, se lo llevan y gritaba: “no, a mí no que estoy en el yeite”. Nadie sabía y se lo llevaron igual, pero siguió insistiendo, así que llamaron a Casa de Gobierno y dijeron que sí estaba, así que lo largaron. En el despacho el general Villarreal inicia la conversación. Le comunica que estaba detenida por orden de la Junta Militar que había decidido tomar el gobierno. Y ahí es donde ella pregunta si la iban a fusilar y se le dice que la Junta había determinado que por el momento no. ¿Y adónde me van a llevar? A un lugar en el sur donde va a estar cómoda y no va a tener problemas.
-Ahí la llama a Rosarito para que busque la ropa en Olivos. El avión ya estaba enfrente.
-En el auto vienen todas las cosas que ella había pedido y Rosarito viene pero decide no viajar con ella. En el avión, como pasajero, va ella sola. Mientras esperábamos que vinieran las cosas, charlábamos con ella y ahí se dio cuenta de que no le íbamos a hacer ninguna cosa extraña y entonces empezó a defender a su gobierno. Fue tremendo. La defensa que puede hacer un chico de diez años de un gobierno. De lo único que hablaba era de la sinarquía internacional. Entonces por ahí le dijimos: ¿qué es la sinarquía? Y no supo contestar.
-Lo había escuchado de Perón.
-Terminamos apenándonos nosotros de ella.
-Ahí dijo que iba a correr sangre.
-No sé si dijo eso, puede ser que a mí no me haya quedado. No lo sé. El servicio de Inteligencia naval me arma todo un equipo para grabar el momento. Un equipo obsoleto, viejísimo, lleno de claves y de cosas. Y cuando lo empezamos a probar, apretamos el botoncito y cuando lo sacamos no había grabado absolutamente nada. Me lo achacaban a mí. ¿Qué me lo van a achacar si este equipo no sirve para nada?
-¿Y no se sacó ninguna foto? ¿No hubo ninguna filmación?
-Nada. Ahí no.

Repercusiones. Opiniones
- “La inmensa mayoría de los argentinos rogaba por favor que las Fuerzas Armadas tomaran el poder. Todos nosotros deseábamos que se terminara ese vergonzoso gobierno de mafiosos.”, opinó el escritor Ernesto Sábato.
- El Partido Radical opinó: “El 24 de marzo de 1976 cayó un gobierno votado por siete millones de argentinos. La ineptitud presidencial y la falta de respuestas estabilizadoras y legítimas por parte del entorno en medio de una realidad económica de improvisación inocultable y de una indisciplina social anarquizante, más la presencia de organizaciones para la subversión y la violencia que angustiaron al pueblo, abrieron el camino para que las Fuerzas Armadas ocuparan el poder.....Como saldo quedó el pueblo solidarizado en sus bases y las Fuerzas Armadas con la suma de responsabilidades....” Firmaron esta declaración, entre otros, Ricardo Balbín, Raúl Ricardo Alfonsín, Arturo H. Illia, Carlos Perette, Juan Carlos Pugliese, Antonio Tróccoli, Juan Trilla, Luis León, Facundo Suárez, Eduardo Angeloz, Fernando de la Rúa y César García Puente.
A horas del golpe, el Partido Comunista Argentino emitió una declaración en la que se señalaba: “Ayer, 24 de Marzo, las F.F.A.A. depusieron a la presidenta María E. Martínez, reemplazándola por una Junta Militar integrada por los comandantes de las tres armas. No fue un suceso inesperado. La situación había llegado a un límite extremo ‘que agravia a la Nación y compromete su futuro’, como dice en uno de los comunicados de las F.F.A.A."
Muchos años más tarde del suceso, con estos datos en la mano, más innumerables hechos que conformaron la dictadura militar, a Mario Eduardo Firmenich le fue muy fácil sostener: “La dictadura de Videla tuvo consenso social, sino, no hubiera existido…Esa gente que pidió el golpe de Estado…después muy hipócritamente, dijo: Me lavo las manos, no sabíamos nada, ¡ay, qué barbaridad! Las cosas que hacía; este hombre es un demonio.”
Para aquellos que hoy creen, o imaginan, que las organizaciones armadas luchaban por un proyecto liberador, democrático y antiimperialista nada mejor que las palabras de Arnol Kremer (alias Luis Mattini), sucesor de Santucho: “No nos chupemos el dedo, porque ahora hay una cantidad de compañeros que se hacen los blanditos. La historia es la historia y hay que hacerla con la verdad. Pero la verdad es que nosotros nunca pensamos en la democracia. Nosotros pensábamos en la democracia en términos de Lenin, como un paso, un instrumento para el Socialismo, teníamos toda la concepción leninista más dura. Para nosotros la sociedad socialista tenía una etapa previa que era la dictadura del proletariado; y en eso que no se hagan los desentendidos.”
El 24 de marzo de 1976, la mayoría de los argentinos sintieron el final de la “agonía”, como le dijo reservadamente Balbín a Videla. No sabían qué iba a pasar al día siguiente, pero tuvieron, por un instante, la sensación de un “fin de fiesta”. Existió un silencioso apoyo. Es cierto, no hubo mucha gente en la Plaza de Mayo para ensalzar al régimen militar que nacía, pero tampoco fue mucha gente el día anterior para defender la democracia que, supuestamente, encarnó María Estela Martínez de Perón.




fuente: infobae